Lavarse las manos "aclara" las dudas de una decisión difícil

Antes de entrar a los templos budistas hay que lavarse
las manos y la boca…
En algunos templos se lavan también las manos
y los pies

¿Cuántas veces nos hemos hecho estas preguntas…?”incluso el escritor…”,que piensa no decir más de lo que se propone…¿Iremos de vacaciones a Roma o a París? ¿Me compro el vestido blanco o el negro? De postre, ¿tarta de chocolate o de queso? Estas pequeñas elecciones entre opciones igualmente atractivas, dejan en nosotros una cierta sensación de duda (¿habré elegido bien?) bautizada en psicología como disonancia cognitiva post decisional. Un gesto tan sencillo como lavarse las manos podría ayudar a nuestro cerebro a estar satisfecho con la elección.

Lavarse las manos (además de una medida sencilla y barata para prevenir infecciones y contagios) se ha asociado a lo largo de la historia con un amplio abanico de significados. Algunos estudios, por ejemplo, vinculan el gesto con una especie de limpieza moral después de algún acto incorrecto o incluso un atenuante del impacto que provocan los juicios morales.

En esta ocasión, la revista ‘Science’ da un paso más sobre la relación entre cuerpo y mente y asegura en un pequeño (y curioso) experimento que la higiene de nuestras manos también alivia el ‘estrés’ de tener que elegir entre varias opciones que nos gustan. Spike W. Lee y Norbert Schwartz, del departamento de Psicología de la Universidad de Michigan (EEUU), son los artífices del ensayo, en el que participaron 185 estudiantes.

A 40 de los voluntarios les ofrecieron 30 discos en una tienda de música para que eligiesen y ordenasen según su preferencia sus 10 favoritos. Después, como gesto de agardecimiento por su participación, les permitieron elegir entre el quinto y el sexto de su lista como regalo.

¿Está seguro con su elección?
A continuación, como quien no quiere la cosa, les ofrecieron participar en una encuesta sobre una marca de jabón de manos. La mitad de ellos se lavó bien con el producto y la otra mitad sólo tuvo que examinar el envase. Estos últimos, preguntados de nuevo por el disco que habían elegido, mostraron la reacción típica: ahora encontraban mucho más atractivo el CD que habían elegido, y mucho menos que antes el que habían descartado.

Sin embargo, entre los jóvenes que habían tenido ocasión de lavarse las manos después de elegir uno de los dos discos, no se observó esa sensación de tener que justificar su decisión, y su preferencia apenas había cambiado.

El efecto volvió a repetirse con otros 85 participantes, a quienes se les pidió que participasen en una encuesta sobre cuatro mermeladas de fruta diferentes. En esta ocasión, como agradecimiento, les regalaron una de las dos que más les habían gustado. Después, les invitaron a participar en una valoración sobre toallitas higiénicas. De nuevo en esta ocasión, la mitad de los jóvenes se limpió las manos y la otra mitad únicamente valoró el producto sin probarlo.

También aquí quienes se habían lavado las manos se mostraban mucho más satisfechos con la mermelada elegida, y apenas se observó en ellos la habitual disonancia cognitiva post decisional.

A juicio de los especialistas, su curioso experimento demuestra que el poder higienizante del lavado de manos se extiende más allá del terreno moral y subraya “la necesidad de entender mejor el proceso que intercede entre la limpieza física y sus consecuencias psicológicas”.

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